gamificacion

La gamificación. Seguro que habéis oído hablar de esta palabra, pues llegó casi a la par que la distribución masiva de smartphones, ¿verdad? Por si alguien está un poco perdido, la idea de este concepto es bastante simple: Convertir tus tareas diarias en un juego, donde se reciben premios cada vez que realizas una tarea o consigues un objetivo. El plan es que, gracias a tales premios, te motives y sigas realizando objetivos personales. Pero, ¿funciona? ¿vale la pena?

Como veis la idea es similar a la que realizan algunos padres con sus hijos para que estudien (si lo apruebas todo te regalaremos tal cosa), o como método contra el aburrimiento, mandando tareas del hogar para ver quien lo hacía más rápido. Hoy en día, en lo que concierte a los smartphones, hay aplicaciones que te recompensan por prácticamente todo: ir al gimnasio, administrar bien el dinero, visitar algún sitio (donde destaca la famosa app de Foursquare). Ahora bien, ¿como consigue la gamificación que nos motivemos?

El secreto está en la dopamina

En muchas ocasiones hemos hablado de la dopamina en MedCiencia, esa sustancia capaz de que nos enganchemos a las drogas, el alcohol, o incluso las redes sociales. ¿Por qué? Por placer. La dopamina nos proporciona una sensación de placer, la cual nos motiva a repetir esa actividad que nos ha proporcionado el chute inicial de dopamina. A groso modo, la dopamina consigue que nos motivemos para hacer algo determinado.

En este caso, cuantos más objetivos personales se consiguen, más dopamina liberamos, nos motiva, y seguimos buscando conseguir objetivos. Este circuito cerebral que os acabo de describir de forma bastante básica es el que aprovecha la gamificación para llevar a cabo su magia: La gamificación nos ofrece recompensas por pequeñas metas, provocando pequeñas liberaciones de dopamina, y por tanto placer cerebral.

¿Cómo se aprovecha la gamificación de la motivación?

En un principio las recompensas digitales pueden parecernos algo irrisorio, pero por lo visto no es así. Estas pequeñas recompensas consiguen mucho, y esto es gracias a 3 factores que se describen en la revista Scientific American:

Autonomía: Cuando mandamos sobre nosotros mismos, sobre nuestros logros, a solas, sin ayuda, nos motivamos más. Las metas son solo nuestras, y el período de tiempo que le dedicamos es mayor.

Valor: Si nos planteamos objetivos es porque los vemos importantes, porque les damos un valor. Dicho valor es lo que aumenta la probabilidad de cumplimiento: cuanto más valoramos algo o más nos importa, mayor es nuestra motivación para conseguirlo.

Competencia: Seamos realistas, somos seres competitivos. Y si vemos que algo se nos da bien, seguimos haciéndolo (y si nos recompensan es porque algo hacemos bien). Ah, y también somos cabezotas, pues cuanto más trabajo cuesta algo más solemos intentarlo. Si nos dan las cosas fáciles no las valoramos.

Estas tres ideas son bastante simples, pero explican muy bien como consigue la gamificación que tengamos motivaciones. Por otra parte, los estudios recientes han dividido la motivación innata en dos tipos: Motivación extrínseca (por recompensas externas, como dinero), y motivación intrínseca (intereses o disfrute por algo).

Un buen ejemplo del uso de ambos tipos de motivación es la app de Zombies Run: Por una parte da recompensas a cambio de conseguir una serie de objetivos, mediante insignias y logros en el juego (motivación extrínseca), y por otra, contiene una historia. Si no conseguimos los objetivos marcados, la historia no avanza, y no sabemos cómo seguirá o acabará (motivación intrínseca). Curioso, ¿verdad?

Zombies_Run

Por otra parte, también existen estudios que demuestran que competir entre amigos o compañeros ayuda a la motivación intrínseca, pues hay una motivación por parte de ambos competidores. Es similar a lo que sucede con las grandes compañías tecnológicas (si te pillan los talones, te obligas a avanzar, competir, innovar).

Las sombras de la gamificación

Sin embargo, todo tiene su parte oscura o mala. En el caso de la gamificación existen argumentos en contra de que sirva para mantener objetivos a largo plazo. Por ejemplo, una investigación publicada en Actas de la 47ª Conferencia Internacional Hawaiana sobre Ciencia, donde los investigadores afirman, tras un gran metanálisis, que la gamificación puede ayudar y motivar a conseguir ciertos objetivos, pero que no conseguirá que hagamos algo que no queremos hacer. Lo que no está suficientemente estudiado es si el diseño del juego importa o no.

Eso si, también se concluye que los objetivos logrados deben ser a corto plazo y sin ser demasiado exagerados, es decir, objetivos pequeños, pues a largo plazo y en búsqueda de objetivos más ambiciosos la gamificación fracasa.

Conclusión

Como veis, en esencia, la gamificación puede sernos de ayuda en nuestro día a día por pura diversión, y colaborando a realizar objetivos pequeños, metas poco ambiciosas, y siempre a corto plazo. Ahora bien, si queremos grandes objetivos, la gamificación no los conseguirá por nosotros, ni nos motivará exageradamente para ello.

La gamificación se aprovecha de nuestra motivación previa e innata, potenciándola, pero ni crea una motivación nueva, ni tampoco hace milagros.

Vía | LifeHacker.

Imagen | Tilomotion.

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