Desgraciadamente, cada año conocemos nuevos casos de animales que han pasado a engrosar las listas de especies en peligro de extinción.

En la mayoría de los casos hemos sido los propios seres humanos lo que; a través de acciones como la deforestación, la contaminación o la caza descontrolada, estamos dando lugar al declive de estas especies, por lo que deberíamos tratar de redimirnos buscando un modo de dar marcha atrás y favorecer que estos animales aumenten su población.

Y si hay un modo de conseguir algo que a bote pronto parece tan complicado es a través de la ciencia, que en los últimos años ha crecido con el desarrollo de técnicas que en un pasado hubiesen parecido fruto de la brujería. Como os hemos contado en otros artículos de Omicrono, gracias a la clonación ya se han conseguido rescatar especies extintas, como el bucardo, aunque los resultados no fueron tan buenos como se esperaban y la técnica pasó a demonizarse bastante en ciertos sectores de la sociedad. Sin embargo, que una vez no saliera bien no quiere decir que en un futuro no se puedan perfeccionar tanto ésta como otras técnicas capaces de mantener en la circulación a todas esas especies que, de otro modo, hubiesen terminado pasando al olvido.

Así es como la ciencia puede salvar especies en peligro de extinción

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En primer lugar, es importante dejar claro que siempre es mejor prevenir que curar, por lo que se puede tratar de aumentar la población de una especie antes de que se extinga, evitando las medidas extremas que tuvieron que llevarse en el caso del bucardo, que fue traído a la vida después de que muriera su última ejemplar.

Para ello, los científicos están investigando varias técnicas, entre las que se pueden destacar especialmente dos: la clonación, de la que ya os hemos hablado en otras ocasiones, y otra mucha más novedosa, que presenta el potencial añadido de poder actuar cuando comienza a darse escasez de hembras.

Salvar especies en peligro sin necesidad de óvulos

FIV

Sí, lo óptimo para que un animal se reproduzca es que haya un macho y una hembra que aporten sus células sexuales (óvulo y espermatozoide) para la formación del cigoto que comenzará a dividirse hasta dar lugar a un nuevo individuo.

Sin embargo, en algunas ocasiones, cuando una especies está a punto de extinguirse, uno de los dos sexos escasea o, directamente, desaparece, por lo que es necesario recurrir a otras técnicas.

En el caso de la clonación por transferencia nuclear basta con tener hembras, pues se utilizan óvulos enucleados a los que se les introduce el núcleo de cualquier célula del ejemplar que se quiere clonar, induciendo después el desarrollo del embrión simulando el papel del espermatozoide en el laboratorio.

Sin embargo, puede que se dé el caso contrario y que sean las hembras las que escaseen, por lo que se puede recurrir a un segundo método, basado en la obtención de embriones sin la necesidad de utilizar óvulos fecundados.

Recientemente en un artículo de Nature communications se ha descrito el primer paso realizado con éxito para llegar hasta aquí. Aún falta mucho por hacer, pero los resultados obtenidos en ratones han demostrado el optimismo de los investigadores.

La partenogénesis como primer paso para la reproducción sin óvulos

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Resulta paradójico el primer paso dado por estos científicos de la Universidad de Bath, pues para empezar la investigación han recurrido a la partenogénesis, un proceso natural empleado por algunas especies, como los reptiles, para reproducirse sin necesidad de machos.

Este proceso consiste simplemente en la división del óvulo sin fecundar, que dará lugar a nuevas células que se desarrollarán como embriones independientes. Se conoce que en el caso de los reptiles muchos de los individuos resultantes consiguen sobrevivir a la perfección, pero que en mamíferos las crías partenogenéticas mueren a los pocos días.

Y precisamente ahí se instauró el punto de partida del estudio, pues lo primero que hicieron los investigadores fue tomar óvulos de ratonas sin fecundar y provocar la partenogénesis a través de un tratamiento con cloruro de estroncio, que activa la división del mismo modo que lo hacen los espermatozoides.

De este modo obtuvieron varias células partenogenéticas, que fueron inyectadas con espermatozoides, dando lugar a individuos partenogenéticos que sobrevivieron más allá de los pocos días habituales. 

El experimento puede parecer una tontería, teniendo en cuenta que para llegar hasta el final se han tenido que utilizar tanto óvulos como espermatozoides, pero no debemos olvidar que la fecundación no se ha producido sobre el óvulo en sí, sino sobre las células partenogenéticas, que no tienen nada que ver con él y se asemejan mucho más a una célula cualquiera.

Por eso, el siguiente paso es tratar de reproducir el proceso cambiando las células partenogenéticas por células de la piel de modo que, esta vez sí, sólo sea necesario el uso de machos.

Lógicamente aún queda mucho por hacer, pero los primeros pasos están resultando muy esperanzadores de cara a un futuro en el que los humanos podamos redimirnos del daño que hemos hecho al resto de especies con las que compartimos el planeta. Y eso, sin duda, sería una grandísima noticia.

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